¡No queremos regresar a la normalidad!

El que a los dueños del dinero les urja que regreses a trabajar,
demuestra que su dinero no lo hacen ellos, lo haces tú.
I.U.

Su normalidad mata

La “normalidad” es el estado ideal del capitalismo, a los Soros, los Rockefeller, los Bezos, los Arnault, los Slim, los Salinas, y hasta miserables gatos como los Trump, los Bolsonaro, los Pieñera y la cucaracha de los Bonilla no les importa tu vida, ellos no están expuestos en la pandemia y presionan para que tú regreses cuanto antes a “la actividad productiva” y sigas produciendo su dinero, sus ganancias, porque esta crisis mundial de salud, se convirtió para ellos en la crisis económica más grande de su vida.

En un principio el virus los tomó desprevenidos, los sorprendió, y comenzaron a enfermar y a morir ellos, los dueños del dinero, por eso entraron en pánico y se decretaron medidas sanitarias nunca antes vistas por nuestras generaciones; no fue porque estuvieran muriendo los pobres, porque los pobres siempre muren, por sus guerras para obtener más ganancias, por sus megaproyectos extractivistas para sangrar a la Tierra, millones de pobres mueren por hambre, por enfermedades derivadas del hambre, por sus drogas, por la violencia derivada de sus drogas, mueren por su sistema veneno de alimentación, por sus transgénicos, por sus agroquímicos, por explotación laboral, mueren y mueren millones de pobres al año en una pandemia que se llama neoliberalismo, capitalismo criminal y nadie entra en terror, no hay campañas para lavarse bien el capitalismo, ni cubrebocas contra el neoliberalismo. Hoy ellos, los poderosos dueños del dinero están en medios aislados y seguros, ya no estarán en riesgo hasta que salga la vacuna, por eso no les importa que tú salgas a seguir produciendo su dinero y mueras, porque para ellos eres y siempre haz sido desechable.

Por eso y mucho más no queremos regresar a su normalidad, porque su normalidad apesta, su normalidad nos explota, su normalidad nos mata y mata a todo lo vivo, porque no solo nosotros no queremos regresar a su normalidad, las otras 30 millones de especies que comparten el uso del planeta con nosotros, tampoco quieren que regresemos a su normalidad, porque su normalidad extinguió a 50 millones de especies, su normalidad extingue a más de 1200 especies cada año, su normalidad hace que no vuelvan a existir en el planeta más de 3 especies cada día. Cada uno de estos miserables dueños del dinero tiene suficiente para vivir en máximo lujo mil vidas y quieren más, a costa de tu esfuerzo, de tu vida y de la vida de las demás especies, no les importa seguir extrayendo petróleo a costa de vida, no les interesa construir “desarrollos” industriales o turísticos a costa de matar a la vida en el planeta y a ti te convencen que está bien, porque tendrás trabajo, no importa que el miserable sueldo que te den cueste vidas, la tuya, la de tus hijos y la de las plantas y animales. No, las especies que siguen vivas a pesar de ellos y nosotros no queremos regresar a su normalidad, porque en esta breve tregua cambió el canto de los pájaros, los peces y los mamíferos marinos festejan, y cada animal sobre la tierra hoy sin su normalidad está feliz.

Las grandes enseñanzas del coronavirus Covid-19

La primera gran enseñanza que nos muestra esta tragedia es la importancia que tienen los derechos fundamentales por encima del mercado, las empresas y el consumismo. Lo segundo es que el espejismo de una vida sin riesgos, ese sueño de ser dioses que controlan todo, incluso la muerte no existe; hemos comprobado que ni todo el dinero del mundo pudo contra un virus microscópico.

Redescubrimos la importancia de la ciencia, la investigación científica, la agricultura, la educación y la cultura, como únicos elementos que importan en una sociedad, todo lo demás es individualismo.

Nos dimos cuenta que la independencia y la autonomía política, alimentaria, la independencia científica y tecnológica son los únicos elementos que nos pueden hacer un Estado libre y soberano.

Vimos que la globalización es inevitable; tribu, religión y nación ya no nos protegen, por lo que la colaboración y solidaridad internacional se convierte en un bien mayor de la humanidad dejando en segundo plano el libre mercado, la oferta y la demanda, el capitalismo y el consumo absurdo.

Otra importante enseñanza es que deja al descubierto el falso dilema entre libertad, igualdad y seguridad, habrá quien pretenda usar la pandemia para “en favor de la seguridad” y pretenda limitar la libertad, pero si algo quedó claro es que esta afirmación es un mito; el uso de las nuevas tecnologías de control no pueden regir la vida social, no deberíamos despreciar la gran potencialidad de las innovaciones tecnológicas puestas al servicio de la salud, pero jamás podemos aceptarlo a cambio de nuestra libertad, porque las comunidades autónomas autogestivas del mundo no tuvieron problemas con la pandemia.

Esta catástrofe nos brinda una gran oportunidad para abordar un cambio social mundial. Aunque antes tenemos que rearmarnos ideológicamente porque vimos que la culpa, el castigo y la conspiranoia, ponen aún más de manifiesto nuestros déficits cognitivos, la facilidad con la que ante cualquier problema damos explicaciones basadas en el comportamiento individual y la culpa. También evidencia la tendencia a concepciones conspiranoicas para explicar lo que sucede. Ya es una costumbre histórica, que cada vez que un pueblo tiene que afrontar una amenaza colectiva, encuentra a quien atribuir la responsabilidad y surge poderoso el verbo hubiera, y las miles de opiniones que “sabias” sabían cómo debió haberse hecho o enfrentado esa crisis, pero que en su momento callaron y que sin recato encuentran al depositario de sus frustraciones y su miedo. Es el chivo expiatorio, al que los griegos llamaban pharmakos. El miedo nos hace escuchar cada vez más decir que no se está haciendo suficiente, que se ha hecho tarde, que no se escucha a los expertos o por el contrario que los políticos se escudan en los expertos.

Hasta el absurdo “no escuchen a los expertos”, que es el mismo argumento que usaban en la Edad Media los fundamentalistas religiosos durante La Peste mientras la mitad de la humanidad moría.

La Peste acabó con la Edad Media y el Covid-19 con el Neoliberalismo

Todo ese terror “a Dios” en el que se escudaban los fundamentalistas, la explotación del miedo, la culpa y el castigo llevó al oscurantismo dominante en la Edad Media a fracturarse durante La Peste, porque le gente se dio cuenta que rezando no se salvaría, que la única forma de salvar su vida y la de los suyos fue haciendo caso a los científicos, que proponían medidas de higiene para acabar con la pandemia, este simple hecho dio paso a una nueva era del conocimiento, en donde la ciencia y las artes se posicionaron como el hilo conductor de las sociedades occidentales, pero también fue donde desafortunadamente la necesidad mezquina de la acumulación de poder y dinero convirtió nuevamente a los científicos y artista en magos y bufones al servicio del poder.

Hoy la derecha en el mundo está asustada, porque se acabaron las verdades absolutas, ya nos dimos cuenta que su “desarrollo” y su “progreso” son igual a muerte, que el capitalismo ama la muerte, se nutre de ella, que el sistema económico y político actual no sirve. ¿Recuerdan todas las emergencias climáticas de las que hablábamos antes de la pandemia? pues la tierra se cansó y como los seres humanos conscientes no hemos hecho lo suficiente para detener al capitalismo criminal, la Tierra lo está haciendo hoy por nosotros. El capitalismo ama la muerte, las crisis, las guerras, las mentiras, las agresiones y el odio son sus mejores apuestas, eso les garantiza su riqueza y su bien vivir, pero hoy en este espacio de reflexión colectiva vemos nuestras realidades y la derecha se queda sin clientela, se agrupan entre ellos en secreto y confabulan en secreto y se convencen entre ellos en secreto, se convirtió la derecha realmente en la serpiente que se come su propia cola y lo hacen en secreto, porque le tienen miedo a la cultura y al pensamiento crítico que florece.

Hoy pierde el odio, por eso pseudo-humanos como Trump se quedaron sin discurso, su odio no sirve en un mundo que grita ¡Solidaridad!

Cambiamos sin sentir, sólo por necesidad, la palabra competitividad desaparece y surge la cooperación, descubrimos que los seres humanos somos una sola especie y que sin solidaridad estamos perdidos, un médico, una enfermera, no te cuidan por obligación, todos los miles de seres humanos que ahora luchan contra la pandemia aun dentro de sus hogares sin solidaridad no son nada. No necesitamos competir, la competencia nos confronta, nos hace individualistas, egoístas e inhumanos.

La distopía muere, mientras la utopía renace en la reestructuración del pensamiento social, lo radical hoy, podemos afirmarlo, es organizarnos en pequeñas comunidades de producción y consumo y luchar políticamente por cambiar a los líderes políticos por aquellos que valoren la vida, la única lógica y nueva lucha ecológica global es cambiar al poder político, para acotar de una vez por todas al poder económico, y la ramplona democracia de nuestras naciones es la única herramienta que tenemos, pero existen millones de formas de lucha no violenta que puede reventar a los dueños del poder y los paros, las huelgas, el no consumo de sus productos y servicios veneno son unas de ellas. Hasta que caigan.

La lucha que viene

Cuando se acabe la pandemia existirá una reestructuración del pensamiento social en el mundo, porque la gente hoy le da un valor a lo que ha sido vital, lo que nos ha salvado y lo que nos va a salvar. Hemos observado qué es realmente lo público que es lo que nos une como sociedad; la salud pública, la ciencia, la agricultura, la investigación, la cultura y la educación. Por lo que el fin del neoliberalismo ha sido esta pandemia, porque después de ella los dogmas que dan sustento al capitalismo criminal dejan de tener sustento, la derecha está aniquilada como opción política, el problema es que nos han demostrado que si la Tierra no es de ellos prefieren que se hunda, que se rompa, que se extinga, así que será necesario luchar contra ellos.

Bajo ninguna circunstancia podemos permitir volver a los antes, o a algo peor basado en un mayor autoritarismo y desigualdad. Hemos descubierto un mundo nuevo, estamos seguros que saldremos con bien de esto porque la resilencia de los humanos los ha hecho la especie dominante en el planeta, pero como especie dominante, como hermanos mayores de las demás especies somos la consciencia y somos responsables de luchar por la vida, por lo que los primeros pasos deberán ser blindar los derechos existentes, necesitamos presionar a los congresistas de nuestras naciones para que nuestros derechos fundamentales estén garantizados en la constituciones de nuestro países, ya vimos que es lo que nos cohesiona como sociedad, lo que nos une, lo que nos hace sociedad, es la cultura, la educación, la ciencia, la investigación científica y la agricultura, esos simples y sustanciales elementos son el pegamento de lo que somos, es lo que nos cohesiona como sociedad y rompe el individualismo criminal, sin ellos somos entes egoístas, individualistas y mezquinos.

Urge construir otro modelo político que tienda hacia lo común, nosotros hemos diseñado desde hace muchos años un modelo político, económico y de gobierno al que llamamos Sociedad Solidaria como alternativa a los modelos existentes, que garantice una relación diferente con nuestro planeta y con todos los seres humanos, esto es posible, pero los primeros pasos se deben dar dentro de nuestros sistemas actuales y para ello es fundamental luchar hoy con nosotros mismos y no regresar al consumismo depredador. Si te observas hoy, verás que estás consumiendo lo indispensable, que nada de lo sustancial se detuvo en el mundo, al campo sin agroquímicos no ha llegado el virus, la verdadera cultura sigue y avanza en cada rincón, esa no necesita presupuestos ni salones especiales, ni público, la ciencia nos está salvando, todo los que extrañas de comprar es consumismo, si estás perdiendo tu oportunidad de introspección, con televisión o series por internet, estás llenado tu mente de vacío, no será la última pandemia de nuestra generación si no hacemos algo radical ya, el planeta se cansó del neoliberalismo y se defenderá con o sin nosotros, de ti depende no regresar a su “normalidad” criminal, lo esencial está ahí y no consumir su basura es un buen primer paso, no necesitamos más. Piénsalo.

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La vida es una construcción consciente.
Iván Uranga

@CompaRevolución

iuranga@cnpm.mx

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