Manifiesto al Pueblo de México (Aprobado por la VIII Sesión del Nuevo Congreso Nacional Constituyente)

El año 2018, significa para nuestros pueblos el fin de un siglo de malos gobiernos que, con raras excepciones, nos impusieron de 1917 a 2017, a sangre y fuego, la mayor opresión que hemos padecido a nuestros derechos alcanzados en la Constitución Política Nacional, aprobada por el Congreso Constituyente de México de 1917, en la ciudad de Querétaro, Querétaro. Al mismo tiempo, representa para nuestro pueblo y clase trabajadora, el inicio de una nueva era de profundas transformaciones para que, a corto, mediano y largo plazo, recuperemos nuestra patria, despertemos a la sociedad, para hacerla consciente de la necesidad impostergable de generar un verdadero estado de derecho, y construir un nuevo sistema de gobierno, que en materia económica, social, cultural y ambiental, sea para beneficio de nuestros pueblos y de nuestra madre naturaleza.

Nada es imposible. Tenemos el deber de que, como patriotas mexicanos, después de atravesar este ciclo infernal de criminalidad, corrupción e impunidad por parte de gobiernos que traicionaron a nuestra patria, debemos preparar las condiciones objetivas para despertar la consciencia de todos y cada uno de los integrantes de nuestra comunidad nacional.

El primer paso en esta nueva senda, de acuerdo con la experiencia de nuestros pueblos, es basarnos en una fórmula sencilla, que parta de reconocer de manera objetiva nuestra condición real, en el momento actual, como pueblo mexicano, y emprender las acciones que nos conduzcan a una revolución pacífica transcendente, en la que nuestro pueblo, de manera democrática y comunitaria, decida su propio destino.

Para la solución de nuestro problema, se propone la siguiente fórmula: en la que el Movimiento Social Consciente, MSC, basado en el Pueblo Comunitariamente Organizado, PCO, en una acción consensada nos lleva una RPT, Revolución Pacífica Trascendente.

¿Por qué esta nueva Revolución Pacífica debe ser trascendente?, porque debemos partir del principio de que el pueblo que olvida su historia corre el peligro de repetirla. En nuestro caso, el pueblo mexicano ha pagado, y aun continuamos pagando, un alto costo en millones de vidas a lo largo de nuestras rebeliones y revoluciones, sin que hasta el momento se hayan realizado profundas transformaciones en beneficio real de nuestros pueblos. Por el contrario, los retrocesos son graves, como la reelección de gobernantes, la imposición de reformas estructurales que contradicen el espíritu y la letra del constituyente original, la profunda crisis económica, la inseguridad social, la pérdida progresiva de nuestros valores culturales, la destrucción acelerada del medio ambiente, que pone en inminente riesgo nuestra propia sobrevivencia como seres humanos y la de todos los seres vivos. El carácter trascendental de una revolución pacífica debe tener las condiciones de justa, consciente, participativa, ordenada, transparente y con una ruta basada en el acuerdo colectivo y el consenso.

El fin principal es organizar y unir nuestras fuerzas comunitarias, municipales, estatales y nacionales, para vencer al terrorífico imperialismo, al horrendo capitalismo, y al funesto neoliberalismo. Que luego de siglos de haber conquistado a nuestra nación, de habernos convertido en una simple mercancía, y despojarnos de más de la mitad de nuestro territorio, ahora está a punto de someternos como esclavos en nuestra propia tierra. Está a un paso de destruirnos, de desaparecernos.

Nuestro nuevo sistema económico, debe ser capaz de integrar nuestros recursos humanos y naturales, así como el potencial, y las capacidades reales de cada comunidad e individuo, para transformar en beneficio común el proceso de producción, industrialización, intercambio y comercio nacional e internacional, así como la explotación racional de la riqueza y biodiversidad natural, en el marco de un desarrollo sustentable y la elevación progresiva de nuestra calidad de vida.

¿Qué debemos hacer como mexicanos para iniciar esta nueva era?

En primer lugar, recuperar el amor y la confianza en nosotros mismos, para volver a creer en la capacidad de solucionar nuestros problemas como comunidades y pueblos, a partir de nuestros valores, nuestras culturas, nuestras civilizaciones, nuestra palabra, nuestro compromiso y nuestros actos.

Como segundo lugar, debemos desterrar para siempre los antivalores y prácticas como la violencia, el odio, la envidia, el egoísmo, la venganza, la mentira, la codicia, la ambición, la insidia y el individualismo, entre otros.

En tercer lugar, reemprender nuestro camino común que nosotros mismos hemos abandonado, de tal forma que nos lleve a organizarnos dentro de nuestras diversas comunidades, y a unirnos en una sociedad nacional, patriótica, solidaria, independiente y soberana, libre e internacionalista

Ser capaces, en cuarto lugar, de construir, de forma democrática, un nuevo pacto nacional entre nuestros pueblos, organizaciones, grupos e individuos, lo cual significa participar activa y conscientemente en la formulación de una nueva constitución nacional, estatales y municipales, mediante nuestro nuevo congreso nacional constituyente.

En quinto lugar, debemos ser capaces de unirnos, conjuntar y articularnos en un movimiento social consciente para construir un Plan Político Nacional para realizar esta nueva revolución pacífica, que comprenda un Programa Nacional de Gobierno para el periodo 2018-2024 y la conformación de un Consejo Nacional de Gobierno del Pueblo, integrado por consejos estatales, municipales y comunitarios

¿Qué pasos iniciales debemos dar ahora?

1.- Despertar nuestra conciencia colectiva como integrantes de una nación, observar objetivamente la realidad de este injusto sistema, que nos ha conducido a una crisis sin precedente, reflexionar y, en consecuencia, actuar con sentido común. Estamos ante una única e irrepetible oportunidad histórica, que largamente han esperado y preparado nuestros pueblos originarios y actuales, para decidir entrar en una nueva era para asumir nuestro destino común. Ahora o nunca.

2.-Debemos organizarnos colectivamente como sociedad, en asambleas y consejos vecinales, barriales, ejidales, de centros de estudio, trabajo, comunitarios, municipales, estatales y nacional, en la construcción de una agenda de demandas y acciones comunes consensando alternativas de solución, así como para ejercer nuestros derechos políticos de expresión, asociación, reunión, petición, iniciativa legislativa, defensa de la república, elecciones libres y cambiar en todo momento la esencia y forma de nuestro gobierno.

3.-Debemos prepararnos para participar de manera activa y organizada, antes, durante y después del primero de julio de 2018, aun con las carencias del actual sistema electoral nacional, analizando y diferenciando las alternativas políticas existentes, valorando la trascendencia de un cambio viable a nivel nacional, con el objetivo de alcanzar una transición política pacífica a corto plazo, votando el día de la elección para derrotar de forma amplia y contundente a los partidos de la derecha, así como al abstencionismo y defender la legalidad de esta elección, y de quienes demuestren haber triunfado en forma legítima combatiendo con efectividad todo fraude electoral.

4.- Organizar un gran diálogo y consulta nacional entre nuestros pueblos, para proponer, consensar y aprobar el nuevo Pacto Nacional, acordando los pasos a realizar de manera organizada, comunitaria y democrática.

5- Por último, no bajar la guardia, mantener la resistencia decidida y pacífica de todos, no permitir más muertos, desaparecidos, desplazados, desterrados y encarcelados, hasta vencer y hacer triunfar la revolución pacífica que ha soñado y ha demandado realizar, por mucho tiempo, nuestro heroico pueblo mexicano.

¡Patria y vida! ¡Venceremos!

¡Viva el Nuevo Congreso Nacional Constituyente!

¡Vivan los pueblos de México!

Octava Sesión del Congreso Nacional Constituyente

Ciudad de México, 24 de junio del 2018.

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