La PGR del Ejecutivo: facciosa y contra la educación infantil

Foto: Dante Cabrera

“Niños mexicanos adelantan a los canadienses”, afirmó Fraser Mustard, reconocido investigador de Canadá en neurociencia aplicada a la educación. Se refería a los niños de los Centros de Desarrollo Infantil, institución educativa promovida en 1990 por el Frente Popular Tierra y Libertad dirigido por el economista Alberto Anaya –también lo es del Partido del Trabajo– en el ámbito de la Secretaría de Desarrollo Social. Su titular era entonces Luis Donaldo Colosio, el candidato del PRI asesinado en condiciones aún sospechosas.

Los Cendis, como se les conoce popularmente, se han distinguido en la comunidad por hacer efectivo el derecho de los niños a recibir una educación de calidad. Esto es, ofrecer desde 0 a 3 años lo que sobre todo las madres buscan afanosamente: buena educación, seguridad, formación, limpieza, instalaciones adecuadas donde dejan a sus hijos mientras ellas trabajan.

En 1994, los Cendis son incorporados a la Secretaría de Educación Pública (SEP) como un Proyecto Estratégico de Educación; luego, en 2010, pasan a formar parte de la Secretaría de Educación del Estado.

Siempre hubo en los Cendis personal calificado profesionalmente para atender a los niños. Pero sus responsables, bajo la dirección de la maestra Guadalupe Rodríguez Martínez, buscaron mejorar el servicio de la institución.

El concepto de educación inicial iba encontrando cauce. Los logros alcanzados por Cuba en este aspecto fundamental del desarrollo humano hicieron que los participantes en el Congreso de Pedagogía 95 celebrado en La Habana (1995) acordaran crear en el país socialista del Caribe el Centro de Referencia Latinoamericano para la Educación Prescolar (CELEP). Las reflexiones científicas y técnicas, que desde entonces se han venido generando en el CELEP, fueron incorporadas por la dirección de los Cendis a su acervo. También incorporó las prácticas más exitosas del Instituto Pedagógico Latinoamericano y Caribeño de ese país (IPLAC).

Las nuevas concepciones educativas puestas en práctica por los Cendis parten de la idea de hacer practicable la equidad desde el vientre, que es donde adquiere vertebración y solidez la arquitectura cerebral. Esa que le falta a los pobres para compensar la brecha entre su infancia y la de los pocos que son bien alimentados desde la gestación. México, se sabe, es de los países que menos invierten en educación con relación al PIB (esto no significa sino mala distribución del ingreso) y de los que obtiene los más bajos resultados en materia de aprendizaje y rendimiento intelectual. Excepción de esta ominosa realidad son los Cendis y otras muy pocas instituciones educativas mexicanas.

Esa institución ha invertido el concepto de gasto educativo-individuo. Se trata de un ahorro diferido. La inversión mayor debe hacerse entre la edad fetal y los seis años. Esta inversión se amortiza con los resultados intelectuales del niño en la medida que va creciendo. Al llegar a la adolescencia ya es un individuo con mayores capacidades para situarse en la vida, orientar sus destrezas y adquirir disciplina y responsabilidades. Cuando se torna en adulto ha amortizado el gasto que se hizo en su educación y le empieza a generar valor a la sociedad en aportes intelectuales, artísticos, productivos y de cooperación social.

Los avances de los Cendis del Frente Popular Tierra y Libertad han acumulado 47 premios nacionales e internacionales a lo largo de sus 27 años de gestión educativa: del Banco Mundial, la OEA y la OCDE, que los consideró Modelo de Referencia Mundial con Mejores Prácticas Innovadoras. Estos méritos se pueden leer en el 17 Encuentro Internacional de Educación Inicial y Prescolar efectuado, con el apoyo del Gobierno del Estado, entre el 12 y el 14 de octubre pasado (www.cendinl.gob.edu)

Ese encuentro internacional ya quedó enmarcado, según la PGR –mediante la Seido y de la Ueiorpifam–, en los actos de organización delincuencial y apoyo al terrorismo de los que acusó, desde el 10 de agosto de 2017, a Guadalupe Rodríguez, Alberto Anaya y otros. El remitente de la denuncia fue Ángel Salvador Vargas Mitre, funcionario de la Secretaría de Hacienda. Y la PGR procedió a ordenar que fueran congeladas las cuentas de los Cendis. Obediente, el banco, en otros casos celoso de dar siquiera información sobre actos que evidencian ilícitos, aceptó esa orden; se entiende, forma parte de la red financiera de personajes ligados al grupo Atlacomulco.

Con la congelación de fondos, la PGR afectó el alimento, cuidado y educación de más de 7 mil niños y el ingreso de casi 700 educadores y otros profesionales al servicio de los Cendis.

Los Cendis no son producto de organizaciones como Mexicanos Primero. Pero se trata de una institución producto de una izquierda que ha decidido aliarse a Morena para las elecciones de 2018.

La PGR usualmente no investiga. Espía, inventa chivos expiatorios, persigue inocentes, tortura, encubre y hoy no sabe internamente dónde tiene la cabeza. Pero se presta a las peores maniobras. Una de ellas podría ser el desprestigio de los Cendis para hacer como ha hecho el Estado mexicano con muchos bienes de la nación: desvencijarlos, hacerlos ver indeseables en sus manos, para luego privatizarlos.

Muchas de las oenegés privadas ya podrían estarse relamiendo los labios para que instituciones como los Cendis pasaran a sus manos predeterminadamente impolutas, sabias para manejar el dinero ajeno e impunes ante cualquier sucio incidente.

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