En busca de rumbo

Foto: Desazkundea

Nos amenazan tiempos de confusión. Devaluar las palabras del discurso público, como se está haciendo, busca que su significado dependa de las estructuras de poder para pervertir los imaginarios populares.

Para impedir la maniobra, necesitamos empeños especiales de esclarecimiento. Y si de eso se trata, pocas oportunidades tan apropiadas como la primera Conferencia Norte-Sur sobre Descrecimiento, que empezará el próximo 3 de septiembre en la Ciudad de México bajo el lema: descolonización del imaginario social.

El informe del Club de Roma, en 1972, que mostró los límites del crecimiento, fue una advertencia oportuna y bien sustentada. Tuvo eco en México. Víctor Urquidi, el prominente economista mexicano, formaba parte del club. ¿Tiene límites el crecimiento? Una visión latinoamericana, que publicó Iván Restrepo, junto con Joseph Hodara, aportó lucidez y fundamento a los debates del momento. El Centro de Ecodesarrollo, que fundó y dirigió Iván, fue por décadas un punto de referencia necesario para quienes tenían a la vez preocupaciones ambientales y sociales.

En México, sin embargo, como en otros países del Tercer Mundo, la idea del descrecimiento pareció por muchos años una moda interesante para los países ricos. Predominaba el prejuicio de que conseguir una tasa alta y estable de crecimiento económico, a cualquier precio social o ambiental, era la única manera de salir de la miseria y el atraso. Es un prejuicio que se mantiene hasta hoy en diversos círculos, más acentuado entre quienes pretenden estar a la izquierda del espectro ideológico.

La idea del descrecimiento no despegó hasta 2003, cuando un artículo de Serge Latouche dio impulso a un vigoroso movimiento que se extendió rápidamente por Europa y empezó a tener alcance mundial. El término nunca prendió en América Latina, pero la crítica del desarrollo tomó fuerza en la región desde los años ochenta. Salió de los ámbitos académicos y empezó a ser expresión de resistencias desde abajo. Por un tiempo se resistieron sólo políticas o proyectos específicos, pero en los últimos años se multiplicaron iniciativas contra la empresa misma del desarrollo.

Vendrán a la conferencia notables personalidades de muy diversos países, algunas bien conocidas en México, como Joan Martínez Alier o Winona La Duke, la gran dirigente indígena estadunidense. El diálogo sobre alternativas al desarrollo que la próxima semana mantendrán aquí con activistas y pensadores de México buscará entretejer iniciativas que intentan detener la devastación ambiental y realizar transformaciones sociales profundas. Comparten la preocupación que registra Colapso,libro de Carlos Taibo que es también referente del movimiento, ante un futuro ecofascista y un tejido social marcado por una violencia general acompañada de decepción, sufrimiento, desposesión y rabia, en que apenas se distingue a los señores de la guerra y a los servicios policiales y de seguridad de bandas criminales y grupos armados.

Los debates de la conferencia se concentrarán en tres ejes temáticos: la supervivencia, ante colapsos como el de la ecología, los estados-nación y las certidumbres filosóficas modernas; las culturas y sus saberes, amenazadas por el afán de imponer el pensamiento único, y la riqueza, ante su concentración sin precedentes y la intensificación de la guerra contra la subsistencia autónoma.

No se trata de un grupo marginal o de una corriente meramente académica. En la conferencia de Naciones Unidas Habitat III, celebrada en Quito hace dos años, el informe oficial subrayó que el fracaso de la política urbana ha sido espectacular en su visibilidad y devastador en sus consecuencias y concluyó: La prosperidad se describía como una marea que elevaba todas las embarcaciones, pero la impresión actual es que la prosperidad sólo eleva los yates. Ese es el juicio que merece hoy, en todas partes, la empresa del desarrollo.

El equipo del próximo gobierno no tendrá tiempo de asistir a la conferencia. Es una lástima. Podría aprender ahí, antes del primero de diciembre, por qué sus prejuicios y obsesiones con el desarrollo y el crecimiento económico son tan peligrosos, tanto para el ambiente como para la sociedad y la cultura. Descubriría por qué el tren maya, el corredor transístmico o el aeropuerto, como muchas otras obras y políticas que ha anunciado, tendrán consecuencias devastadoras: sólo elevarán a los yates, a un altísimo costo en términos ambientales y de justicia. No son lo que los pueblos necesitan hoy. No deben tener prioridad alguna en el país.

Hoy, más que nunca, la manera de imaginar el presente y sobre todo el porvenir es territorio central de la lucha social. Desde arriba se busca que la gente asuma con entusiasmo, como si fuera propio, el sueño del capital. Necesitamos luchar contra esa pesadilla.

gustavoesteva@gmail.com

Fuente: La Jornada

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: