Cómo vivir sin partidos/III

No habrá 4a transformación sin Congresos Municipales

Hemos dicho que los Congresos Municipales deben ser la máxima autoridad local y de todo el país. Es la democracia directa donde se resuelven de manera autónoma los asuntos propios y se definen las grandes decisiones que marcan el rumbo de la nación.

Así, por ejemplo, un municipio que tenga 100 comunidades y 100 colonias urbanas, tendrá un congreso de 200 representantes con la voz de su gente. Tendrán sus comisiones como hoy las regidurías, pero colectivas, para atender los distintos problemas del municipio. Entre todos ellos algunos serán comisionados para la presidencia, también colegiada y rotativa. Otros serán delegados estatales o federales. Y todos con un mismo sueldo, sobrio pero justo y digno, pagado por el municipio sin denigrantes escalafones o tabuladores; vaya, la federación y sus entidades estatales ya no contarán con recursos para sueldos de los representantes populares pues éstos ya vendrán pagados desde abajo.

Los municipios recaudan directamente todas las finanzas, que ya no serán “impuestos” (desde arriba, que nadie quiere pagar), sino cooperaciones voluntarias para el bien común, desde abajo. Porque hoy pagar impuestos es irresponsable: significa financiar privilegios y un proyecto de dominación. Pero en una democracia real, todos pagarían con gusto y orgullo sus cooperaciones, las cuales no serán arrebatadas por una clase política que hoy se queda con la mayor parte de la riqueza.

Por ejemplo, en 2015 el estado de Veracruz aportó a la federación más de 175 mil millones de pesos, (1) pero sólo le asignaron cerca de 90 mil millones, de los cuales sólo se repartieron unos 20 mil millones a los municipios. Es decir, la federación se quedó casi con la mitad (2) y luego la administración estatal se queda con el 78%. ¿Dónde quedaron los otros 155 mil millones? Entonces, finalmente sólo llega a los municipios el 11.4% del total recaudado. (3) Y así cada año y en cada estado.

Más aún, por ejemplo a Papantla se le asignaron poco más de 414 millones de pesos en ese año, pero la obra pública que los ciudadanos vieron sólo fue de 182 millones, esto es, menos de la mitad.

De esta manera, los recursos federales se van diluyendo de arriba abajo, donde las administraciones federales, estatales y municipales se sirven con la cuchara grande y al pueblo le quedan migajas, que además son repartidas clientelarmente. Así se forma una clase política que dispone del 90% de la riqueza y el resto queda para el pueblo.

Y sólo es el ámbito público; el privado va mucho peor –el espinoso tema de la explotación laboral que hizo de un mexicano el más rico del mundo, con las ganancias de Telmex. Por eso se propone que los recursos se recauden directo en los municipios, y estos repartirán sin intermediarios a los estados y a la federación lo que necesiten, decidido desde los Congresos Municipales.

Son éstos los que elaborarán o aprobarán los proyectos de los Estados y de la federación. Es decir, vivimos en un país de cabeza, y la fórmula para resolver muchos de los problemas no es muy complicada: simplemente hay que hacer las cosas al revés.

Y pese a las escandalosas cifras, el impacto es más político que económico. Se trata del empoderamiento ciudadano, del poder local, la tan anhelada democracia donde la sabiduría de nuestros pueblos reparte los recursos justamente y no tiene por qué haber más pobreza ni privilegios. Las asambleas constituyentes cada mes en cada comunidad pueden ser un nuevo ingrediente de la vida nacional, con efectiva participación ciudadana.

Ahora que los partidos agonizan, con gran descrédito del sistema electoral, el nuevo gobierno debería considerar las propuestas a la sociedad del movimiento constituyente nacional y encargarles la democratización del país, donde la autonomía de los pueblos y el poder local son esenciales.

Organizaciones como la Nueva Constituyente Ciudadana (NCCP), el Congreso Nacional Constituyente del Pueblo Mexicano (CNPM), el Congreso Nacional Indígena (CNI), entre otros actores, llevan años en la materia. Ellos tienen mejor que nadie esa perspectiva del poder local pues han roto con los moldes del pensamiento hegemónico.

Para tal cosa hace falta un decreto que permita crear los Congresos Municipales, así como una Secretaría dedicada a ello, que organice, que eduque, que capacite, que difunda. ¿Puede el nuevo gobierno callarle la boca a quienes hemos dicho que muy poco puede hacerse dentro del sistema? Tal vez no esperaban llegar a tanto pero tienen la oportunidad (y la responsabilidad) de hacerlo; de otro modo, la historia se los reclamará. Pero qué difícil es el beneficio de la duda cuando se recicla a la clase política que ha gobernado en los últimos años.

(1)Centro de Estudios de las Finanzas Públicas, Recaudación Bruta de Impuestos Federales por Entidad Federativa, www.cefp.gob.mx/intr/bancosdeinformacion/…/recaudacion_impuestos/fp025.xls.

(2)Ley Número 318 de Ingresos para el Estado de Veracruz para el ejercicio fiscal 2015, http://www.veracruz.gob., mx/wp-content/uploads/sites/2/2015/01/tf01-ley-ingre-2015.pdf

(3)INEGI, Finanzas públicas estatales y municipales, http://www.inegi.org.mx/lib/olap/consulta/general_ver4/MDXQueryDatos.asp?#Regreso&c=11289 .

Fuente: Kgosni-El volador número 253

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