Por qué es inviable la construcción del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México

Por qué es inviable la construcción del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México, en el antiguo Vaso de Texcoco en opinión del geólogo responsable del estudio geológico de esa área realizado con base en datos de la perforación y registros geofísicos del pozo profundo Texcoco.

En el año de 1965 el investigador y especialista en mecánica de suelos, reconocido mundialmente Dr. Nabor Carrillo propuso realizar un estudio del subsuelo en el área de antiguo vaso de lago del ex lago de Texcoco con el objeto de ver la posibilidad de rehacer el lago para acabar con las tolvaneras que año con año azotaban esa parte de la capital incluyendo la zona del aeropuerto la solución era compactar el suelo extrayendo agua del subsuelo y con el mismo peso del agua compactar lo que se sabía que estaba constituido por arcillas, características de muchos ambientes lagunares, y así rehacer el antiguo lago; pero para ello, había que conocer la geología de esa área.

Evidentemente, para quienes conocemos las características geológicas del antiguo lago de Texcoco, este lugar está conformado por una serie de sedimentos y rocas características de una cuenca cerrada que es el resultado de derrames y erupciones volcánicas con su consiguiente erosión y depósito de sedimentos en ambientes lagunares en un largo tiempo geológico, alternando derrames de rocas ígneas características de valle de México, con depósitos de tobas volcánicas y arcillas, que en tiempos históricos conformaron el fondo del conocido Lago de Texcoco y que en el siglo pasado fue artificialmente desecado, dando como resultado una zona erosionada que en forma natural siguió regulando posibles inundaciones; pero causando año con año enormes tolvaneras al oriente de la capital por lo cual el Gobierno Federal decidió crear un proyecto para estudiar la posibilidad propuesta por el Dr. Nabor Carrillo.

El proyecto se llamó Proyecto Texcoco e incluía la perforación de un pozo exploratorio, el cual alcanzó una profundidad de 2065 m siendo el pozo exploratorio del subsuelo de la capital más profundo hecho hasta ese momento.

El encargado de realizar el estudio geológico de dicha área a través del estudio y análisis de las muestras de canal y de núcleos obtenidos de la perforación así como de la interpretación de los registros geofísicos tomados en dicha perforación, fue el Instituto Mexicano del Petróleo (IMP) y el responsable del control de la perforación de dicho pozo así como del estudio geológico del área fui yo, quien en esa época era el encargado del área de geología en del Departamento de Geología de Explotación y quien, como fundador del IMP había estado antes adscrito al Departamento de Geología en la Zona Sur dentro de Petróleos Mexicanos.

Ese estudio permitió conocer a detalle el tipo de roca y características del subsuelo. En forma resumida se encontró que en esta área a principios del terciario se formo una profunda depresión resultado de los plegamientos cretácicos y que en determinados periodos fue una cuenca cerrada la cual en tiempos históricos da lugar al conocido lago de Texcoco lógicamente los sedimentos depositados en este ambiente, fueron en la parte superior de la columna geológica, arcillas y depósitos arenosos, alternando con algunas tobas y calizas lagunares pero ya sin evidencias de derrames ígneos los cuales se presentan después de los 400 mts de profundidad.

De lo anterior se concluyó que el subsuelo del antiguo lago de Texcoco, en la parte más superficial, antes de llegar a los primeros derrames volcánicos, estaría definitivamente susceptible a compactarse y por lo tanto a sufrir hundimientos a lo largo del tiempo en función del sobrepeso que tuviera que soportar y por ello se tomó la decisión entre los investigadores del Proyecto Texcoco y fundamentalmente del Dr. Carrillo de llevar acabo la propuesta inicial de rehacer el antiguo lago al extraer agua de los mantos arenosos más profundos y con ello lograr la compactación y formar nuevamente parte del lago.

En años posteriores, con la extracción de agua de zonas más profundas y su acumulación en la superficie así como de los escurrimientos estacionales dentro del área, del se logró compactar en buena medida los sedimentos arcillosos superiores y volver a tener un nuevo lago conocido como Lago “Nabor Carrillo”.

Evidentemente todo el suelo del antiguo lago es técnicamente imposible de utilizar para construir una obra de ese peso como es el nuevo Aeropuerto de la ciudad de México pues estaría sujeto a constantes hundimientos que para ser resueltos sería necesario un cuantioso y constante presupuesto; es decir: un verdadero barril sin fondo.

Un autentico y veraz estudio técnico-científico para decidir sobre la conveniencia o no de desarrollar en ese lugar una obra como el Nuevo Aeropuerto contemplaría el análisis de datos geológicos y de mecánica de suelos que proporcionaran las características del subsuelo, como las que se realizaron en esos años con la perforación del pozo Texcoco y en otras más someras realizadas en esa área, dentro del proyecto; pero por las decisiones tomadas para construir en esa zona el nuevo aeropuerto seguramente no se consultaron o no se tomaron en cuenta y prevalecieron evidentemente otros factores que fueron más que todo económicos para beneficiar a un selecto grupo de políticos e inversionistas pues esa decisión es contraria a todos los resultados obtenidos en este estudio realizado en el IMP y el proyecto Texcoco.

Me queda la duda, como a una gran parte de la comunidad científica y a la sociedad misma, qué tipo de investigaciones geológicas y de mecánica de suelos tomaron los responsables del proyecto del aeropuerto para una decisión de tal envergadura, pues es evidente que no conocieron los estudios previos y que aportan información muy valiosa y que siguen geológicamente vigentes pues son hasta este momento los únicos con este tipo de información. En todo caso sería conveniente dar a conocer los estudios geológicos y de mecánica de suelos en los que se basa su proyecto.

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