Destruyamos al sistema desde su simiente

Foto: SETE

La economía solidaria y el proyecto de construcción de una sociedad sin clases, sin explotados ni explotadores son compatibles en toda la extensión de la palabra. La construcción de la sociedad socialista desde la ortodoxia marxista implica el control social a través de consejos de obreros, campesinos, académicos, estudiantes, etc. Control sobre todo el proceso de producción y distribución de lo producido así como de la riqueza generada. Son precisamente esos grupos sociales organizados sobre la base de una economía solidaria, junto a otras formas de organización social, los que van a avanzar para convertirse en consejos ciudadanos, que sobre la base de su experiencia solidaria en una democracia participativa constante van construyendo la nueva sociedad y el hombre nuevo.

Se están conformando muchos organismos de economía solidaria por todo el mundo. Pequeñas células que ven con mucha claridad la necesidad de transformar de raíz la situación cada vez más miserable a la que nos arrastra un capitalismo rapaz movido exclusivamente por el interés en la ganancia, sin importar lo que destruyan a su paso (acaban con la naturaleza y vidas humanas con tal de mantener una alta tasa de ganancia). Somos pequeñas células que vemos con claridad la necesidad de arrebatarles el control a estos que, desquiciados por el poder y el dinero, conforman todo un sistema económico y de relaciones sociales con el único interés de satisfacer sus ambiciones.

Grandes y poderosas empresas dirigidas por un puñado de ambiciosos capitalistas rigen el mundo. Son principalmente las empresas ligadas a los hidrocarburos, a las armas y a los fármacos las que en comunión con la especulación y el narcotráfico deciden qué hacer con la vida y la muerte en este planeta. En contra de este reducido grupo de poderosos es que se está emprendiendo la lucha tenas más importante de la historia reciente. Brotes de protesta por todo el mundo incluyendo los países altamente desarrollados, donde aparentemente no había problemas económicos, son la característica del momento. Pero no nada más eso, sino que se están proponiendo alternativas claramente anticapitalistas tanto en el campo como en las ciudades de todos estos países.

Se están haciendo esfuerzos muy importantes por desarrollar economías solidarias, en el campo y en las ciudades, rescatando en muchos casos experiencias de apoyo mutuo en las comunidades que se ha mantenido a lo largo de la historia independientemente del modo de producción dominante. Hoy con una proyección más universal y mayor comprensión de su necesidad histórica se están conformando redes de comunicación y coordinación entre productores y consumidores que empiezan a decidir que producen, que consumen y como detenemos la destrucción de esta nave en la que estamos viajando.

Los tiempos se están agotando de ahí la importancia de promover con mayor velocidad estas redes de economía solidaria a nivel nacional y mundial. El tiempo se nos agota porque estamos acabando con los recursos naturales, principalmente los hidrocarburos que nos han brindado la energía para este desarrollo, en algunos casos absurdo, al que pudimos llegar en el último siglo; gracias al cual pudimos alcanzar una población que ronda los 7 mil millones de seres humanos en el planeta. Esto nos ha hecho creer que la población puede seguir creciendo de manera natural con mejores niveles de vida, y que tenemos una fuente inagotable de recursos. Obviamente es falso, nuestro planeta es finito y vamos hacia el exterminio de estos recursos y con ello al exterminio de una parte importante de la biosfera.

En la medida que comprendamos esto entenderemos la importancia que tiene que produzcamos lo necesario para sobrevivir; que se desarrolle economías locales y regionales con un uso cada vez menor de energía; que se produzca lo necesario para satisfacer las necesidades básicas y que dejemos de consumir lo que destruye nuestro entorno y a nosotros mismos. Debemos reducir en la medida de lo posible el uso de productos industrializados, principalmente los que afectan el medio ambiente y nuestra salud (como la coca cola, pesticidas, transgénicos). Debemos exigir también que lo que consumamos sean productos naturales y sanos porque de eso depende, en buena medida, vivir sanos.

Economía solidaria también significa la reducción del intermediarismo, esto es, una relación directa entre productores y consumidores que permite abaratar el costo de los productos y mayor utilidad para los que producen. De los intermediarios más nocivos para nuestra economía son las grandes cadenas comerciales extranjeras que se llevan la utilidad para otros países.

El otro aspecto importante de la economía solidaria es el ahorro solidario. Es el apoyo que la sociedad se pueda hacer así misma, ahorrando y prestándose dinero sin intervención de los bancos y los agiotistas. En mejores condiciones para ambas partes, para el ahorrador y para el que solicita el préstamo. El ahorrador recibe mayor rendimiento que el que le puede dar la banca y se pueden obtener préstamos por debajo de los intereses que cobra ésta, pero además la sociedad misma va generando un fondo social para beneficio de todos.

Cuando este ahorro se utiliza de manera productiva se trasciende a una etapa en la que la sociedad empieza a hacerse de sus propios medios de producción y no depender del empleador cualquiera que sea el giro. Aunque esto ya viene sucediendo debemos multiplicarlo por miles y no debemos conformarnos con los pequeños talleres, debemos pensar en grandes empresas sociales.

Las Grandes Empresas Sociales debemos pensarlas no por el tamaño físico de la misma sino por la cantidad de personas involucradas en su realización y la utilización necesaria de la ciencia y la técnica más avanzada con la que podamos contar. Tenemos lo necesario para iniciar este tipo de proyectos: Cooperativas organizadas en diferentes modalidades en varias partes del país, empresas de economía social y solidaria, organizaciones no gubernamentales, centros de investigación científica y tecnológica en prácticamente todas las universidades del país.

También contamos ya con avances en investigación científica y científicos dispuestos a impulsar este tipo de empresas sociales. En varios centros de investigación se han quedado proyectos truncados por falta del apoyo social para echarlos a andar. Y como los apoyos gubernamentales son pura demagogia debemos confiar más en lo que nosotros como sociedad podamos hacer. Mediante bonos o acciones de montos pequeños que podamos colocar en la sociedad mediante nuestra red de economía social y solidaria que vamos ampliando, podemos obtener los recursos económicos para aplicarlos en los proyectos que el consejo o los consejos de investigadores consideren más convenientes dadas las necesidades más apremiantes, sin perder de vista, claro está, el cuidado del medio ambiente e incluso revirtiendo el daño que le hemos causado a nuestro planeta.

En pocas palabras participar en proyectos de economía social y solidaria es participar activamente en la lucha en contra del sistema capitalista, al tiempo que se van creando, también en la práctica, formas de organización social y políticas más democráticas que permiten una participación constante. Cuando la utilidad del trabajo se distribuye a la sociedad el capital pierde. Lo más avanzado toma el control y se va formando el hombre nuevo. Empoderar a la sociedad debe ser nuestro objetivo.

Todos los movimientos sociales de este país que se manifiestan en contra del sistema imperante deben redoblar esfuerzos para destruirlo desde sus cimientos.

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